Sobre los comentarios de la experta independiente de la ONU, Reem Alsalem, en contra de mujeres e infancias trans. 

 

Por Edu Quijano Díaz

Lo más frustrante de escuchar hablar a gente cisgénero acerca del significado de conceptos como sexo y el género es que, incluso si tienen una idea ligeramente más sofisticada de su definición que una persona promedio, siguen siendo incapaces de entenderlos con la profundidad y complejidad que se necesita para tener una conversación seria relacionada con las personas trans, sean transgenero o transexuales, e intersexuales. Porque si bien, como correctamente señala la relatora, el sexo es diferente del género, el movimiento trans no busca la erradicación del sexo biológico en favor de la identidad del género. ¿Cómo se supone que podamos tomar en serio sus puntos de vista si desde el principio deja en claro que en realidad no sabe de lo que está mal informada?

Lo que comenta la relatora no es nada más que el mismo discurso transmisógino que se lleva repitiendo entre terfas y otros espacios transfóbicos desde que las opiniones de JK Rowling acerca de las mujeres trans se hicieron públicas en 2016. En realidad no les interesa proteger ni mejorar las condiciones médicas y sociales de las mujeres en general, solo les interesa excluir y demonizar un grupo de personas de las que se sienten amenazadas porque su sola existencia desafía las ideas preconcebidas que el patriarcado lleva alimentado a la sociedad desde tiempos inmemorables. 

El único punto medianamente original que destaca es el cómo se deberían tratar los papeles médicos de una persona trans en caso de que haya completado la transición legal (cambio de nombre, INE con el género correcto, etc.). Como ella lo describe, el problema es la persona trans que solo busca afirmar su identidad de género de la misma manera que cualquier otra persona cis y no el sistema binario que encasilla a todo el mundo en solo dos categorías, excluyendo a personas intersexuales.

Francamente, el único cambio que se le debería hacer a los registros médicos en cuestión de género es tener casillas distintas para diferenciar la identidad de género del paciente de su sexo no solo por la seguridad médica y personal de las personas trans, sino especialmente para las personas intersexuales, que son a quienes más afecta la narrativa de que solo hay dos géneros y que el sexo y el género están intrínsecamente conectados. Porque, aunque en ciertos contextos se entiende la simplificación del sexo como solo femenino y masculino, incluso el término intersexual no es nada más que un espectro para referirse a personas que tienen distintos niveles de mezclas entre características anatómicas y químicas del sexo masculino y femenino. Contrario a lo que esta mujer afirma, limitarse al sistema binario que se usa actualmente hace más mal que bien.

Es especialmente frustrante cuando saca a relucir el tema de los deportes, del que habla con una gran preocupación como si no estuviera ya científicamente comprobado por el British Journal of sports medicine que ni las mujeres trans, ni los hombres trans (que rara vez se mencionan en esta conversación porque el punto no es exponer una problemática real sino alienar a las mujeres trans)  tienen ninguna clase de ventaja en ningún deporte. Si esta discusión realmente naciera por la preocupación por las mujeres este punto del debate se habría dejado atrás hace mucho tiempo

A este punto, no es más que ridículo que el debate acerca de la comunidad trans sea tan relevante cuando en México apenas el 0.3% de la población de 15 años se identifica como trans según el INEGI. Las mujeres trans que ocupan una fracción de este 0.3% no les están quitando recursos a las mujeres cis, no les están quitando camas en los refugios y no les están quitando lugar en los baños públicos. 

Encuentro particularmente preocupante su comentario acerca de las mujeres trans usando refugios exclusivos de las mujeres. Las mujeres trans son una de las minorías más vulnerables actualmente, hasta hace menos de un año, el transfeminicidio ni siquiera tenía reconocimiento legal. ¿Cómo es posible que veamos asesinatos brutales hacia un grupo de gente que está constantemente luchando por los mismos derechos humanos que el resto de la población y que lleguemos a la conclusión de que de alguna manera el problema sean las víctimas de los crímenes de odio más brutales? ¿Cuál es el afán de estas supuestas feministas por pelear contra el menos del 1% de la población en lugar de enfrentarse a las instituciones que han sistematizado el abuso hacia las mujeres?

Todo esto sin mencionar que la transfobia como la que ejerce la mayoría de las terfas afecta también a las mujeres cis. Gracias a las ideas que fomentan, actualmente los baños públicos son solo seguros para mujeres que practican la feminidad de forma convincente. Mujeres cis de cabello corto, con un cuerpo que no sea delgado, con hombros demasiado anchos y caderas no lo suficientemente anchas corren el riesgo de ser confundidas por mujeres trans, agredidas y sacadas de espacios exclusivos de mujeres.

Tampoco hay que olvidar el racismo existente en discursos transfóbicos del que pocas veces se habla. Hace unos años cuando JK Rowling acusó públicamente a la deportista Imane Khelif de ser secretamente trans, lo primero que señaló como evidencia fueron rasgos comunes en mujeres de su país de origen, Argelia, que son vistos como feos e indeseables para los estándares europeos de cómo se debe ver una mujer. Volvería a hacer lo mismo más tarde con la atleta Barbra Banda, una mujer negra a la que también acosó y trans-investigó en Twitter con el apoyo de figuras como Elon Musk solo porque Barbra no cumplía con los estándares físicos de cómo ella cree que se debe ver una mujer.

El discurso que compartió la Relatora de la ONU no es más que la misma mezcla de ideas transfóbicas que ya se han referido en numerosas ocasiones, por numerosas personas y que, sin embargo, sobreviven en pleno 2026 sencillamente porque no hay más argumentos que se puedan hacer para señalar a la comunidad trans como un mal que se debe eliminar o como mínimo atacar y detener. Todas las personas, independientemente de su identidad de género, deberían tener derecho a participar en deportes, a una atención médica que tenga en cuenta sus situaciones y necesidades, a participar en encuestas que expongan la discriminación que enfrentan, a que se les incluya en debates que les afectan directamente y, ultimadamente, a existir dentro de nuestra supuesta sociedad desarrollada.

 4 de marzo de 2026

 

Datos del autor:

Edu Quijano Rodríguez